​Todos los días de la tierra

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El Día de la Tierra, la Pachamama, la Gaia, la hermosa casa de toda esta humanidad, fue oficialmente conmemorado con el título de Día Internacional de la Madre Tierra este 22 de abril, y como con tantas otras efemérides, aunque valga dedicarle una fecha para poder sensibilizar más y más acerca de la importancia de su preservación y cuidado, lo cierto es que cada uno de los instantes que conforman el tiempo e nuestras vidas debe estar dedicado a conservar este hogar bondadoso, que pese a las múltiples arbitrariedades se mantiene a nuestros pies humilde y hermosa como lo fue desde un principio. 


El promotor de instaurar este día fue el senador estadounidense Gaylord Nelson, con el objetivo de fortalecer y antes crear “una conciencia común a los problemas de la sobrepoblación, la producción de contaminación, la conservación de la biodiversidad y otras preocupaciones ambientales para proteger la Tierra”.


Y quizás muchos países poderosos olvidaron un día que el deterioro no les tocaba, hasta que la interdependencia entre los muchos ecosistemas y los seres vivos que habitamos este extraordinario planeta demostraron que, o la cuidamos entre todos, o perecemos todos.


Válido reafirmar que el cambio climático es una de las mayores amenazas para el desarrollo sostenible del mundo y su deterioro implica una consecuencia de acciones insostenibles de estas generaciones, las que precedieron y también las futuras.


Las Naciones Unidas intentan mediante convenciones y otros métodos fomentar la cooperación internacional y por tal motivo desarrolla diálogos sobre armonía con la naturaleza que acoge el tema "La Madre tierra en la aplicación de la educación sobre el cambio climático".


Toda contribución de Armonía con la Naturaleza es válida. Cada medida resulta imprescindible: la educación inclusiva, equitativa y de calidad, la erradicación de la pobreza, la necesidad de garantizar que las personas en todo el mundo tengan la información y el conocimiento necesarios para alcanzar el desarrollo sostenible y los estilos de vida en armonía con la naturaleza. Todo esto y más significa amar y cuidar a esa deidad protectora y proveedora, que cobija a los seres humanos, posibilita la vida y favorece la fecundidad y la fertilidad: nuestra Madre Tierra.

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