La equidad de género no es un tema para luego, sino de ayer

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Nada más lejano de comprender que lo que está sucediendo en el país en los días que corren, en torno a la Ordenanza Ministerio Educación sobre política de género, tema que trasciende y repercute en los hogares de la República Dominicana, como si una extensa e intensa Torre de Babel impidiera la comprensión que se requiere para enfrentar estos tiempos de muertes maternas e infantiles, violencia de género, adolescentes embarazadas, feminicidios y muchos otros desajustes que impiden el desarrollo de la sociedad dominicana.


La pertinencia de que en las escuelas se traten temas que incluyan la sexualidad bajo el respaldo y la promoción del sistema educativo, es algo más que evidente, y necesario. Y lo extraordinario es que quienes deben cumplir con privilegio muy particular ese ejercicio básico de educar en el amor y respeto entre las personas, obstaculicen el proyecto. Se trata de grupos religiosos y asociaciones de padres y propietarios de colegios privados, quienes han impuesto un recurso de amparo por ante el Tribunal Administrativo Superior contra la Orden Departamental 33-2019 del Ministro de Educación, con el planteamiento inverosímil de que la orden departamental es ilegal, impositiva y nociva para la comunidad educativa.


Entonces, sí reconocen que todas las personas son iguales en derecho, pero no en la manera de pensar y que estos planteamientos de las autoridades educativas buscan distorsionar ese contexto promoviendo ideología de género entre los estudiantes de primaria y secundaria, usando los planteles educativos como plataforma de adoctrinamiento. La posibilidad de contribuir a promover las relaciones humanas, basadas en la armonía y la tolerancia, coadyuvaría a lograr esas metas estratégicas de desarrollo que hoy en día chocan con un machismo estructural, verdaderamente nocivo, cuyas consecuencias son, precisamente, las muertes de miles de mujeres a manos de hombres cuya formación, al no iniciarse en los hogares y escuelas, fue y es un blandón que cercena a las familias dominicanas.


La equidad de género no es un tema para luego, sino de ayer, del hoy inmediato, a fin de eliminar brechas, estereotipos; de eliminar cuanto antes toda forma de discriminación sexista, de exclusión e intolerancia.


Ojalá algún día el Episcopado Dominicano, en vez de rechazar ordenanzas como estas, se sume a ese propósito noble y cristiano de formar integralmente a los estudiantes y comprenda que la enseñanza que ellos plantean, basada en las ciencias y los valores, significa abolir la desigualdad desde la educación misma, lo cual conformaría en verdad a ese ser humano y ciudadano de las nuevas generaciones. O tendrá que regresar Jesús a la tierra para que los sacerdotes entiendas las nuevas formas de instrucción desde el amor, la comprensión y la evolución humana.



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