El idioma no es ajeno a las mujeres

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Por Teresa Valdés Betancourt


En estos días se aprecia una proliferación de la resistencia a los cambios que enriquecen el lenguaje con palabras incluyentes y hacen visible la presencia femenina. Significativa, resultó la entrevista de un funcionario de educación que anunció aspectos previstos para el próximo curso escolar, inauguración de nuevos centros en municipios, así como más personal docente con mejor calificación, demostrada después de las evaluaciones. Todo bien, con el detalle de que en múltiples ocasiones de su intervención, solo se refirió a los maestros y a los niños de Colima.


Asimismo por las redes circulan videos sexistas, entre ellos uno que “dice promovidos por la RAE” donde una locutora vestida de rojo, expone argumentos que la invisibilizan a ella personalmente, cuando niega la identificación individual de las mujeres y hombres que participan en la comunicación. En otra publicación un hombre de manera irrespetuosa, insulta con groserías a quienes propician estas nuevas formas del habla.


Esos materiales en las redes argumentan conceptos viejos que omiten la presencia femenina, ofenden la inteligencia y representan una resistencia a nuevas formas del habla, porque los vocablos masculinos hombres, niños, etc., no son generalidad, ni representan a las mujeres y a las niñas.


La comunicación en los medios masivos y en las redes digitales propicia el intercambio, tiende a producir un comportamiento o una conducta para ser percibida e interpretada, y establecer un diálogo entre las personas, con respeto y sin ofensas, porque la palabras proyectan nuestro nivel de educación, de cultura y reflexión.


Ante la ley hombres y mujeres somos iguales y tenemos los mismos derechos y deberes. Vale recordar el artículo 4 constitucional:


El varón y la mujer son iguales ante la ley. Ésta protegerá la organización y el desarrollo de la familia.

La realidad es muy distinta, los datos de violencia contra las mujeres lo confirman. No es comunicación a secas, cada momento logra un efecto y tiene un retorno. La palabra es la envoltura material del pensamiento, queda en la mente de cada persona, y se dice que hasta puede influir en los cambios del ADN. ¡El tema no es juego!


La comunicación es una sinergia, una dinámica, un flujo y una energía que pasa entre dos o más personas. Muchas veces los conflictos y las enemistades nacen de comunicaciones poco acertadas.


Entre los temas de debate del sexismo lingüístico, aparecen los nombres de los oficios, profesiones y cargos de responsabilidad; los inconvenientes que generan el uso de la barra (/) y la arroba (@) o el abuso de las repeticiones.


En todos los casos está presente el estereotipo de género, porque las profesiones antaño eran masculinas, pues solo los hombres asistían a las universidades. Hoy, las mujeres participan son maestras, directoras y alumnas y no pueden quedar en la generalidad antigua de vocablos masculinos que bien admiten la A, sin quebrantar su esencia: juez/a, presidente/a, capitán/a, doctor/a o ingeniero/a.


Las mujeres ilustradas también necesitan unirse para enriquecer sus saberes. La experta Marcela Lagarde UNAM, en su ensayo Pacto entre mujeres señala: La sororidad es una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo. Una experiencia femenina en la búsqueda de relaciones positivas y a la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al empoderamiento vital de cada mujer.


No se trata de que nos amemos, podemos hacerlo. No se trata de concordar embelesadas por una fe, ni de coincidir en concepciones del mundo cerradas y obligatorias. Se trata de sumar y crear vínculos, dilucidar en qué estamos de acuerdo y discrepar con el respeto que le exigimos al mundo para nuestro género.


@Letra Clara

Maestra en Ciencias de la Comunicación


 La comunicadora y profesora cubana Teresa Valdés Betancourt es Máster en Ciencias de la Comunicación, asesora del Instituto Colimense de las Mujeres en México, profesora universitaria, periodista y corresponsal de guerra en África. En el área periodística se ha desempeñado como columnista del periódico mexicano Ecos de la Costa y, por su reconocida labor, es integrante de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y de la Unión de Periodistas de Cuba. Vincula su vasta experiencia profesional en los medios de prensa escrita, radio y televisión a la investigación de los temas del lenguaje con perspectiva de género.
En 2007 presentó en la Feria Internacional del Libro de República Dominicana el libro Un asunto de hombres y de mujeres, ensayo referido al reflejo y reconstrucción de la realidad en los medios audiovisuales. Ha publicado sus artículos en revistas, periódicos y medios alternativos digitales como Revista Tricontinental de la OSPAAAL, y revista Avanzada de Colima, así como en sitios web de UNEAC, Cuba, y en Dominicanoshoy, entre otros. Ha participado en encuentros internacionales en La Habana, Santo Domingo, Colombia, Venezuela y México, y en el Foro Social Mundial de 2007 con la ponencia sobre la visibilidad de las mujeres en la esfera política y luchas sociales. 

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