​El Papa en su encrucijada

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El rostro de Jorge Mario Bergoglio, Francisco, su nombre secular, y primer Papa americano, refleja en estos días el cansancio y la aflicción de una curia acusada por voces que no distinguen geografía sino delitos; da igual que el paso del jefe de Estado y octavo soberano de la Ciudad del Vaticano sea por el continente americano o europeo, el tema de la pedofilia pesa sobre la Santa Sede que, pese a calificar de “criminales” los abusos de sacerdotes a menores y considerar que “debería haber asunción de responsabilidad” por parte de los responsables, queda atrapada en el oscuro sótano del encubrimiento.


En Estados Unidos se lleva a cabo una investigación judicial que hasta la fecha ha hallado evidencia de culpabilidad en unos 300 sacerdotes católicos, protagonistas de abusos de menores en el estado de Pensilvania. De igual manera, la Fiscalía de Chile pidió al Vaticano los expedientes canónicos de nueve miembros de la Iglesia Católica chilena, investigados por abusos sexuales. En República Dominicana, nombres como Josef Wesolowski, quien fungió como nuncio apostólico en el país, se suman a los culpables de destrozar las vidas de niños a causa de la pederastia.


Los días finales de este octavo mes del año marcaron el catalogado “difícil” viaje del papa Francisco a Irlanda, al Encuentro Mundial de las Familias. Los medios de prensa declararon que Bergoglio iba allí “en busca del perdón” y que la estancia significó “una experiencia catártica”, en el sentido de que el religioso enarbolaba una especie de redención para una Iglesia plena de acusaciones a sacerdotes católicos.


Irlanda representó colofón de ennegrecimiento mayor del sacerdocio católico, un “vía crucis irlandés” para el papa Francisco, quien no es responsable de tantos "crímenes repugnantes" cometidos por católicos en Irlanda y en otras partes del mundo; pero, sin duda alguna figura como la cara abofeteable de la curia.


Quizás su primer discurso en Dublín, el pasado sábado 25 de agosto, dejó clara esa realidad que estruja la mirada del pontífice, cuando confesó que “el fracaso de las autoridades eclesiásticas, obispos, superiores religiosos, sacerdotes y otros, al afrontar adecuadamente estos crímenes repugnantes ha suscitado justamente indignación y permanece como causa de sufrimiento y vergüenza para la comunidad católica. 

Yo mismo comparto estos sentimientos", expresó, y el mundo observó sus francas palabras sobre “los abusos” y “recuerdos dolorosos”; pero, no bastó el “corazón contrito”; la “petición insistente de perdón”. La opinión pública insiste en catalogar de “palabras vacías” su discurso y considerar que “ante los pies del papa se abrió un abismo por culpa de una carta de 7.000 palabras que le acusaba de haber encubierto los abusos sexuales del cardenal Theodore McCarrick, de 88 años, en Estados Unidos”.


¿Guerra sucia? ¿Acusaciones conservadoras acerca de que las ideas de Francisco violentan el futuro de la institución? El semanario católico National Catholic Reporter indica que se trata de un "ataque coordinado contra el Santo Padre; porque no debía vincularse el nefasto tema de los pederastas con la disposición del Papa a dialogar con los católicos gays, razón por la que le acusan de pertenecer a un "lobby gay". 


Sí, la Iglesia Católica vive momentos de gran crisis y Francisco se halla en el centro de las recriminaciones. 

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