​El ecocidio del Amazonas amenaza a todos

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Los incendios del Amazonas significan un ecocidio que puede ser irreversible, según apuntan especialistas del tema. Se trata de un atentado contra un patrimonio natural de la humanidad, pues una parte importante de los 7,4 millones de km² que ocupa este sagrado lugar, o sea, el 5% de la Tierra y casi el 25% de América han estado ardiendo.


De todo ese territorio, el 60% está ubicado en Brasil, el resto en Perú, Colombia, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Surinam y Guyana francesa; pero no es solo que la región importe a todos, es que esa Amazonía brasileña ayuda a respirar al mundo entero. De manera que su devastación ha obligado a todos a fijar la mirada en este aterrador hecho, considerado una verdadera tragedia.


Sin embargo, para la envergadura de lo acontecido, la atención internacional es insuficiente. Se plantea que, en 1998, uno de los años más destructivos, se quemaron 40.000 kilómetros cuadrados de bosques, más de cuatro veces la deforestación registrada el pasado año. Pero, la tendencia ha ido en aumento desde 2012, y se espera que la tasa de deforestación en 2019 sea una de las más altas de los últimos tiempos.


Si a todo ello se añaden años de sequía, y sus incuestionables consecuencias, hay que afirmar que la situaci[on es drástica y que, en términos de biodiversidad, la selva amazónica necesita años para liberar agua a la atmósfera y absorber carbono, en fin, para recuperarse, y todo ello con un frontal enfrentamiento a las condiciones climáticas, que no son las mismas que hace décadas atrás.


Centenares de personas protestan en el mundo y critican las increíbles actitudes de jefes de gobiernos, que han puesto los debates personales y hasta las diatribas de la más caja calaña por encima del gran problema.


Aún hay tiempo, todavía las voces deben gritar con mayor fuerza, porque en realidad, para quienes pueden asumir políticas defensoras de este suelo global que nos sostiene, debe quedar muy claro que, con la reducción a cenizas del territorio amazónico bajo las llamas, sin ese pulmón extraordinario, todos morimos poco a poco, sin distinción de poderío en cualquiera de sus manifestaciones. 

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