​Miranda Rijnsburger, 30 años como compañera y confidente de Julio Iglesias

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Julio


SANTO DOMINGO. En los cinco partos de Miranda Rijnsburger, Julio Iglesias rezaba para que todo fuera bien y contaba los dedos de las manos y los pies de sus hijos, asegurándose de que no les faltara ninguno. Es uno de los detalles que desvela la propia Rijnsburger en una entrevista con Vanity Fair este mes de diciembre, en la que se ha abierto más que nunca para hablar de su matrimonio y sus casi 30 años al lado del artista español afincado en Miami.


Nacida en Holanda, Rijnsburger, de 54 años, es la mayor de dos hermanas que se criaron en una casa flotante de Leimuiden, una localidad de 4.000 habitantes a unos 40 minutos en coche al sur de Ámsterdam. 


Allí estudió primaria y cuando comenzó la secundaria, Miranda y su hermana, tres años menor que ella, tenían que hacer 11 kilómetros en bicicleta para asistir a clase. Cuando acabó el bachillerato, se matriculó en un curso de secretariado ejecutivo y comenzó a trabajar en una compañía de ordenadores y en otra relacionada con la moda, pero un accidente a los 19 años cambió sus planes. “Fui a esquiar por primera y última vez en mi vida. El primer día tomé una clase, y al siguiente, me animé y subí a una pista negra. Hacía mal tiempo y la pista estaba helada. Cuando salté sin querer por un pequeño desnivel, me caí. Sentí un dolor horrible en la espalda. Me fracturé una vértebra y también la nariz. Hubo mucha sangre”, cuenta a la revista. La joven fue trasladada de inmediato al hospital, donde estuvo ingresada durante un tiempo. “Con rehabilitación, a los seis meses pude hacer vida normal. Tuve suerte”, agradece.


Un accidente que paradójicamente ya le unió al que unos años después se convertiría en su marido. Julio Iglesias también tenía 19 años cuando el coche en el que viajaba se salió de la calzada en Majadahonda (Madrid) cuando volvía de una fiesta en 1962. El impacto casi lo deja paralítico y truncó su carrera como portero en el Real Madrid, aunque supuso, en cambio, el comienzo de su trayectoria como artista. 57 años después, el cantante sigue arrastrando algunas secuelas, como los problemas de espalda que le han obligado a cantar sentado en muchos conciertos de los últimos años y que han disparado las alarmas por su estado de salud. Miranda llama a la calma y asegura que está más en forma que nunca. “No hay ninguna preocupación por su salud. Hace deporte, se cuida mucho y está lleno de energía. Nunca se aburre porque siempre está activo y es disciplinado”, detalla.




Miranda conoció a Julio en un aeropuerto de Yakarta una mañana de diciembre de 1990. La holandesa se encontraba en la capital de Indonesia para trabajar de modelo, una profesión a la que había llegado de casualidad unos meses antes. Ese mismo año había fallecido su padre, un operador de grúas, a causa de un tumor cerebral a los 48 años. Le afectó tanto que decidió tomarse unas semanas de vacaciones de su empresa de captación de personal en Rotterdam y se fue a la isla de Santa Lucía, en el Caribe. Allí un fotógrafo canadiense la convenció para que posase en ropa de baño. Tenía 24 años y aceptó, y desde entonces no cesaron las ofertas. Estando en el aeropuerto de Yakarta un alboroto lejano llamó su atención. Era Julio Iglesias con su séquito. “Lo vi rodeado de mujeres y pensé que alguna de ellas era su esposa. Se acercó y me propuso que fuese a verlo cantar esa noche. Me lo pensé y finalmente accedí”, rememora. Tras la actuación, el cantante le propuso que lo acompañara en su gira por Kuala Lumpur, Singapur y Tokio, y volvió a aceptar. Él tenía 47 y ella 25.




Cuando volvió a Holanda por Navidad, las llamadas de Julio Iglesias eran constantes. “Me invitó al concierto de Año Nuevo que daba en Las Vegas y, poco a poco, fue surgiendo todo. A mitad de 1991 me instalé en su casa de Indian Creek”, cuenta sobre sus inicios en la vivienda del cantante en Miami. 18 años después, la pareja se casó en Marbella. La rapidez con la que se inició todo no molestó en su casa —su madre era una admiradora del cantante español— y Miranda cuenta que la acogida por parte de Enrique, Julio José y Chábeli, los hijos que Julio Iglesias tuvo con Isabel Preysler, también fue positiva. “Tengo una relación buena con ellos. Y me encanta que también la tengan nuestros hijos con sus hermanos”, admite.


Hace un par de semanas Enrique Iglesias actuó en Madrid, después de varios años sin venir a España. El hijo de Julio Iglesias e Isabel Preysler estuvo acompañado de su madre y la pareja de esta, el escritor Mario Vargas Llosa, sus hermanas Tamara Falcó y Ana Boyer, y también asistieron Victoria y Cristina, las hijas gemelas de Miranda y Julio. Ellas han alcanzado la mayoría de edad este año y, tras su primer contacto con la alta sociedad cuando fueron invitadas a la gala del MET el pasado mayo, a comienzos de diciembre participaron en el clásico y exclusivo baile de debutantes de París. Las dos están instaladas en Nueva York y, siguiendo los pasos de su padre, quieren labrarse una carrera en el mundo de la moda.


“Nos encantaría protagonizar campañas para marcas, pero tenemos otras ideas, como desarrollar aplicaciones móviles”, dice Cristina, la más extrovertida de las dos, para Vanity Fair. “Quieren ser emprendedoras”, apunta su madre. Las jóvenes son partidiarias de una sistema educativo libre. Solo fueron al colegio de los 10 a los 14 años, el resto del tiempo estudiaron en casa. No tienen novio y no les gusta salir de fiesta. Prefieren montar a caballo en la mansión que el matrimonio Iglesias Rijnsburger posee en Ojén (Málaga) o en la finca de Connecticut que es propiedad de Annete de la Renta, viuda del diseñador dominicano y amigo de la familia, Oscar de la Renta.


Las gemelas Victoria y Cristina han sido las últimas en abandonar el hogar familiar. El mayor, Miguel, de 21 años, el que guarda un mayor parecido con Enrique Iglesias y sale desde hace unos años con la tenista Danielle Obolevitch, trabaja para la división inmobiliaria de Sotheby’s y se mudó hace tiempo de su casa.

 

Rodrigo, de 20, está produciendo su propio disco de música indie y se independizó hace tres años, con solo 17. Con Miranda y Julio ya solo vive en su casa de Miami Guillermo, de 12 años, “un niño con mucho talento para la música que ha aprendido a tocar el piano solo y también la batería”, dice su madre a Vanity Fair.


El matrimonio vive la mayoría del año en su casa de Miami y, en verano, al menos Miranda suele viajar a España con los niños, instalándose en la finca de Ojén. El cantante los acompaña cuando puede. A sus 76 años dedica su tiempo a los conciertos, a recoger premios a su trayectoria, a batallar en los tribunales contra Javier Santos, que reclama ser su hijo —y la Justicia le ha dado la razón— y, desde hace unos meses, a preparar su autobiografía: “Julio tiene una memoria prodigiosa y ahora quiere contar sus vivencias”.

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