​El burro que partió de Bilbao y revolucionó la agricultura americana

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Burro


 SANTO DOMNGO. La pasión de George Washington era la producción agrícola y uno de sus mayores sueños era conseguir un burro garañón zamorano, algo que solo se podía conseguir con permiso real.


Cuando todavía faltaban años para que se convirtiera en el primer presidente de EE.UU., su verdadera pasión era en la producción agrícola. Se pasaba horas y horas en sus terrenos de Virginia. Estudiaba las ultimas innovaciones técnicas de plantado y cosecha. Su mayor sueño era el de tener para sus arados a una raza concreta de asnos procedentes Zamora, uno de los valiosos animales del reino de España y que estaba prohibidos sacarlos del país. Sólo podían salir de España con un permiso real.



Washington quería tener un macho al menos, para cruzar sus mulas y sus yeguas con este burro de Zamora. Según él, la resistencia y la productividad de este burro zamorano podía revolucionar la agricultura de los Estados Unidos. Así fue como, tras varios intentos, Washington recibió un regalo de Carlos III, un burro garañón. Este burro partió el 4 de julio de 1785 del puerto de Bilbao y los americanos lo bautizaron como The royal gift.


El encargado de este traslado fue el naviero y banquero bilbaíno Diego María Gardoqui y Arriquíbar. Washington tenía en gran estima al empresario y diplomático bilbaíno. De hecho,  la Casa Gardoqui e Hijos, había ayudado a los patriotas estadounidenses con provisiones y dinero durante la Guerra de Independencia.


Gardoquí sabía que el burro no era un regalo cualquiera. George Washington, uno de los hacendados más importantes de su país, estaba obsesionado en la producción de cereal, cultivo que requería animales de tiro, y el burro estaba destinado a convertirse en una pieza fundamental en el desarrollo agrícola de los Estados Unidos. Esta raza de burros zamorana, hoy en día, está en peligro de extinción.


El envío de la corona española se produce como se hacían los habitualmente a las Américas, por doble partida, con rutas distintas porque la experiencia les decía que las cosas no siempre llegaban. Se enviaron dos burros y solo llegó uno, que partió desde Bilbao acompañado de Pedro Téllez, un soldado que aceptó el insólito encargo, no exento de riesgos y aventura. A Pedro Téllez la aventura le supuso un periplo que, contando la vuelta, le llevó 327 días de viaje. Conoció en persona al presidente americano y fue su huésped varios días en su finca. Su aventura fue recompensada a su regreso con una plaza como guardia de a pie en Zamora.


Washington consideraba que el burro podía revolucionar la agricultura y el transporte. Hasta en cuatro ocasiones pidió un garañón para su finca. La primera vez en plena guerra, estando en campaña con el ejército rebelde. Gracias a los registros históricos se sabe que, ya de presidente, Washington pasó cerca del 15 % de su tiempo en su plantación, constatan la importancia que tuvo para el político la agricultura.


Tras varios años inmerso en sus plantaciones, Washington es elegido presidente de los EEUU. Y entre las peticiones que recibe de los terratenientes de otros estados, una de las más repetidas, es el préstamo de su burro zamorano. Algo a lo que el presidente accede. Al parecer el burro ya había hecho su labor con las yeguas de la finca diseminando sus genes.

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