​Derrotar a Trump une a demócratas de centro y progresistas

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SANTO DOMINGO. Los demócratas, aunque divididos entre su cúpula centrista y su ala progresista, están unidos en el objetivo de derrotar a Donald Trump al arranque de su convención nacional de este lunes, mientras el presidente se dedica a descarrilar el proceso electoral advirtiendo que es posible que no se conocerán los resultados por meses después de la elección del 3 de noviembre.



La Convención Nacional Demócrata de este lunes se extenderá durante cuatro noches seguidas bajo condiciones sin precedente por la pandemia donde casi toda la obra sera virtual en lugar de realizarse ante decenas de miles en una arena. El programa se reduce a dos horas cada noche, culminando con la coronación de su candidato presidencial, Joe Biden, y su recién seleccionada compañera de fórmula para ocupar la vicepresidencia, la senadora Kamala Harris.


El objetivo central de la producción será mostrar al país un Partido Demócrata unido, multirracial y multiétnico, que busca rescatar al país de las manos de un presidente antidemocrático en medio de la peor crisis de salud pública en un siglo y la peor crisis económica desde la Gran Depresión.


Por ahora, aunque las divisiones dentro del partido persisten entre el poder cupular centrista y las filas progresistas, la urgencia de derrotar a Trump como el primer objetivo es compartido por todos. De hecho, la cúpula que cerró filas para frenar la campaña insurgente de Bernie Sanders ha buscado trabajar con él y sus aliados mediante una serie de procesos internos para negociar y elaborar la plataforma del partido, así como algunas de las iniciativas para organizar y movilizar el voto.


Con ello hay un acuerdo de frenar, por ahora, el fuego amigo para enfocarse sobre lo que todos acuerdan es la prioridad: expulsar al ocupante de la Casa Blanca.


La mayoría abrumadora de progresistas entienden que Trump es el presidente más peligroso en la historia de Estados Unidos, comentó ayer Sanders. Por lo tanto, dijo que para el ala progresista dentro del partido, la agenda de corto plazo es derrotar a Trump; la de largo plazo es presionar un gobierno de Biden de ser más progresista.


Trump, por su lado, está saboteando con descaro el proceso electoral al promover el deterioro del servicio postal nacional para limitar su capacidad de procesar el volumen sin precedente (tal vez hasta 70 por ciento del voto) de boletas electorales que se enviarán por correo en lugar de ser depositadas en casillas como consecuencia de las condiciones de la pandemia aún descontrolada.


El presidente afirmó abiertamente que está negando fondos para el servicio de correos justo para limitar el uso de voto por correo, al insistir en que ese mecanismo llevará a un fraude masivo, a pesar de que no existe evidencia para esta acusación.


Demócratas han denunciado la maniobra como un intento de suprimir el voto y algunos están exigiendo una sesión de emergencia de la Cámara de Representantes para investigar el asunto.


Este fin de semana Trump anunció que es posible que no se conocerán los resultados del voto hasta meses o años después de la elección, si se utiliza el voto por correo, obviamente sin indicar que en gran parte esto podría ser cierto por su sabotaje.


Mientras, el jefe de la Casa Blanca afina su puntos de ataque contra su contrincante demócrata, el ex vicepresidente Joe Biden, y ahora contra Harris, al insistir en que son títeres de la izquierda radical, la cual ha tomado el control del Partido Demócrata, algo que no deja de asombrar al ala progresista de ese partido. Declaró que Harris es muy desagradable y que se ha comportado feamente.


Advierte que si Biden y los demócratas ganan, no sólo estará en peligro el país ante los anarquistas y los inmigrantes a quienes se les permitirá ingresar gracias a la política de fronteras abiertas, sino que acusó que su rival, católico practicante, está contra Dios y que dañará a la Biblia y tal vez peor, que quitará las armas a los ciudadanos.


En otra vertiente de su estrategia electoral, Trump continúa refiriéndose a China como el nuevo enemigo mortal del país, además de acusarlo de ser responsable de la pandemia, o lo que llama el virus chino; esta semana declaró: “si no gano la elección, China sera dueña de Estados Unidos… tendrán que aprender chino, esa es la verdad”.


A la vez, continúan los autoelogios ya comunes de Trump. Insiste en que nadie más podría haber enfrentado la crisis de la pandemia como él, que ha hecho más que cualquier otro presidente para los trabajadores, para los afroestadunidenses y, el hombre acusado de hostigamiento sexual por 20 mujeres, afirmó: yo he hecho más por las mujeres que casi cualquier otro presidente en la historia.


Pero los últimos días no han sido tan buenos para el magnate. Primero, uno de los líderes evangélicos conservadores más influyentes del país y fiel aliado del presidente, Jerry Falwell, fue obligado a tomar licencia de su puesto como rector de la Universidad Liberty y a esconderse después de subir, de manera inexplicable, una foto de él con los pantalones desabrochados abrazando hacia una joven también con sus shorts medio abiertos.


Por otro lado, su ex abogado personal Micheal Cohen está por publicar un libro en el cual revela que fue testigo de que Trump participó en actos sexuales con orina (golden showers), fraude fiscal, que le mintió a Melania, además de calificarlo de racista y describirlo como un estafador que desea ser presidente vitalicio.

Mas aún, el fiscal de distrito en Nueva York, Cyrus Vance Jr, sugirió que la investigación sobre Trump es más amplia de lo que se conocía, e incluye posible fraude bancario y no sólo sobre sus pagos a cambio de silencio a dos mujeres que dicen que tuvieron relaciones sexuales con él hace unos años.


Tal vez todo esto explique en parte por qué se ha registrado un incremento significativo en el uso de LSD y silocibina en Estados Unidos.

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