​La media hora de caída

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Mercy


Nada como la sabiduría popular para llevar, de generación en generación, tantas enseñanzas que se prenden al alma de la misma manera que a la mente, e integran eso que llamamos conocimientos y herramientas para el bien actuar en nuestras vidas.


A una gran amiga le hablé de esta costumbre de mi padrino, el carpintero, ese a quien dediqué uno de los poemas que siempre le debí, desde que le conocí pequeña, colgada a sus manos duras y tiernas. Él siempre me decía que había que esperar el momento, ese que soluciona conflictos, apacigua vendavales y alienta al espíritu. “Es algo mágico: No puedes actuar antes ni después”, decía.


Fue esa misma amiga quien ideó que escribiera de estos temas, muchos de los cuales encierran experiencias extrasensoriales, reflexiones que las ciencias han determinado dejarlas a su propio aire, porque explicaciones científicas no habrá para sustentarlas; pero, tampoco pueden eliminarse de la existencia humana, porque sencillamente, suceden.


El caso es que lo que sí explican los cientistas es que “la práctica es el criterio de la verdad”. Por lo tanto, aquello que durante las ocho décadas y media de vida de mi padrino certificaron verdades, no pueden calificarse de otra manera. Y así fue que ganó grandes cantidades de dinero e hizo muy buenos negocios, porque según él, esperaba para tomar decisiones importantes “la media hora de caída”.


¿Qué, qué significaba? Sencillamente, trataba de esperar los cuartos de horas. O sea, si había que tomar una decisión importante, esperaba las menos cuarto, las en punto, las y cuarto y la media hora.


Un examen final, muy difícil…


Recuerdo ese día en que validaba la posibilidad de una beca que significaría mucho en mi vida y desarrollo personal. Había estudiado hasta el cansancio; pero la competencia era extraordinaria. Yo era ya una jovencita, pero como antes, buscaba las manos de mi padrino para sentir seguridad (nunca la volví a sentir en la vida, hasta que volvió a entregármela en sueños). No olvido su gesto pausado y su paciencia asiática. 


Era hijo de negra y chino. Era bello mi padrino. Entonces, ese día inolvidable me preguntó a qué hora era el examen: “A las 4 de la tarde”, le dije, y me respondió. “Todo va a estar bien; pero debes esperar para salir de la casa la media hora de caída”.


Y así fue que vi el viejo reloj de pared marcar su acompasado paso, y llegar a las 3 y 30 de la tarde. “Sal ahora y llegarás a tiempo”, dijo padrinito. Y añadió de inmediato: “Todo saldrá muy bien”. Estas palabras se han grabado en mí desde siempre y de esto escribiré más adelante…, porque muchos lo han reiterado en estos y otros tiempos: “La palabra es energía”. Mi examen fue un éxito.


De manera que si quieres poner en práctica esta sabiduría popular, intenta graduar tu tiempo y conocer cuáles son los cuartos de horas favorables a tu quehacer cotidiano. Así de simple.


Si te interesan estos temas, sigue aquí, pues nos vemos en otro próximo encuentro.

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