​La ventaja de ser fuego

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Fuego


Esto lo leí, hace un tiempo, y como lo bueno tiene que difundirse, o como le dijo Mario Jiménez, el pescador que llevaba las cartas al poeta Pablo Neruda en Isla Negra (esto lo parafraseo), nadie escribe para sí mismo, porque no todos tienen el poder de reflejar en líneas, metáforas o palabras hermosas que inciten al amor, ayuden a alimentar la paz interior y definitivamente nos hagan soñar hasta lo indecible.


Bueno, del cartero de Neruda hay mucho que hablar, porque este fabuloso libro de Antonio Skármeta logra conmovernos y reconocer que la amistad y el amor solo tienen un camino común, da igual de qué lado o clase social se halle cada quien, porque siempre ocurrirá: “el mutuo deslumbramiento por la libertad y la creación”.


Pero, hoy quiero dejarles el mensaje del fuego, ese del que huyen las fieras y ahuyenta insectos dañinos…Pero, también a cuyo calor se acercan las almas en busca de esa sensación de seguridad y protección.


Sí, tener luz propia es bueno, muy bueno; pero, también peligroso, porque a veces buscan ese calor quienes vienen con bolsas de agua fría a cuestionar lo que debía ser agradecimiento y alabanza; y de pronto, pueden ir apagando el fuego si quien lo porta no emplea su propio calor como protección propia.


Es buena la luminosidad, a la que también se acercan quienes la admiran y comparten. De Carlos Rodríguez Almaguer es esta idea que plantea cómo las ideologías y las religiones deforman la esencia de la relación entre los seres humanos y su riqueza. “El gran problema al que nos enfrentamos tiene que ver con la posibilidad de sobrevivencia de la especie humana y las demás especies en nuestro maltratado planeta”, escribe en su libro “El ángel y la bestia construyendo al humano”.


Añado que a la vez que sobrevivimos, cocreamos y coexistimos, en una búsqueda constante por encontrar ese camino, que realmente está ahí, cada día, cada hora, cada instante, en esta cotidianeidad que es la existencia humana. Y como tantos otros lo han hecho antes, acuño que más allá de la religiosidad, mediante la cual tantos encuentran respuestas y herramientas para andar… la espiritualidad nos enseña que “hay un lugar en ti en el que nada es imposible”, porque, “cuando nos sentimos seguros, descubrimos al otro”.


Y a Dios, no hay que temer de cómo lo nombre cada quien, buscarlo es una opción de cada ser humano; también es su libre albedrío, y más allá del corazón, donde creemos que se juntan las emociones, hay que mirar a ese punto superior del cuerpo, al cerebro, cuyas energías brotan y rebotan una y otra vez, hasta considerar que nada sabemos de él, y que ahí se agolpa tanta magia, tanto misterio…, que ni los neurólogos han podido descifrar. Si no, díganme ustedes ¿qué son los sueños?


Para concluir, quiero que respiremos hondo ¿y por qué no?, recitemos una estrofa de la oración de los indios de Dakota, su Wakantanka, que significa “el gran misterio” y que dice así: “Gran misterio, enséñame a confiar en mi corazón, en mi mente, en mi intuición, en mi sabiduría interna, en los sentidos de mi cuerpo, en las bendiciones de mi espíritu.


“Enséñame a confiar en estas cosas para que pueda entrar en el espacio sagrado y así amar más allá de mí, bajo el paso de cada glorioso sol”.


Ah, y no olviden de conservar su fuego, aunque muchos insectos se peguen e intoxiquen con su cercanía; da igual, es una maravilla que poco a poco aprenderemos a mantener encendido, para bien.

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